martes, 3 de noviembre de 2009

El Milagro mexicano.

Es una de laas etapas más singulares en la Economía Nacional. en los años posteriores al gobierno de Lázaro Cárdenmas en que se vivió una recuperación económica como pocas enm las economías mundiales, tanto que llenó de esperanza a los habitantes de México por sus prometedores resultados. A continuación tienes una breve semblanza de las características de esa época, sólo tienes qué investigar los presidentes de México que gobernaron durante ese tiempo para completar tu trabajo.
A partir de 1940 México inicio una etapa llamada el milagro mexicano, esta etapa se caracterizó por ser de un crecimiento sostenido y fue el cambio hacia la formación de una nación moderna e industrializada.
Crecimiento hacia afuera

La segunda guerra mundial dió un gran estímulo al crecimiento de la economía mexicana. De 1940 a 1956 se da en México un período de crecimiento hacia afuera, basado en el dinamismo del sector primario. Esta política puede definirse como crecimiento sin desarrollo, ya que el número de industrias del país aumentó, pero sin la base sólida que es la libre competencia, que le permitiera desarrollarse económicamente. Durante el mandato de Ávila Camacho (1940-1946) se observó una notable estabilidad política y un crecimiento económico. Entre 1940 y 1945, el PIB creció a un ritmo de 7.3 por ciento, índice nunca antes alcanzado en la etapa postrevolucionaria.

Los regímenes presidenciales de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdés proporcionaron los medios para alentar el crecimiento económico, la consolidación del mercado interno y la inserción de México en la economía mundial. La actividad industrial registró un vigoroso crecimiento. La tasa de crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto) alcanzó entre 1947 y 1952 un promedio anual del 5.7%, con un gran crecimiento en la producción de la energía eléctrica y el petróleo y también de la industria manufacturera y de construcción.

Crecimiento hacia adentro

De 1956 a 1970 la economía mexicana gira ciento ochenta grados, creciendo hacia adentro, vía la sustitución de importaciones; es decir, México debía producir lo que consumía. La economía mexicana estuvo basada en el dinamismo del sector industrial, contrayendo la estabilidad de precios y ajustándose a los problemas productivos y financieros por los que pasó el país.

El crecimiento industrial en el período 1940 -1970 mantuvo un ritmo de crecimiento sostenido, aunque basado en un mercado cautivo que le proporcionaba la política proteccionista diseñada por el Estado, situación que trajo como consecuencia el desarrollo de empresas sin competitividad con el exterior, que les impidió consolidarse a través de la exportación hacia mercados extranjeros; condición que impediría la creación de una verdadera industrialización moderna e independiente que contribuyera el desarrollo social del México posrevolucionario.
a etapa denominada como el milagro mexicano o de desarrollo estabilizador, comenzó desde la década de los 40´s hasta la década de los 70´s, cuando el modelo económico de sustitución de importaciones, no se adecuaba a las nuevas necesidades del país.

Es con el presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1946), que México centra su interés en el desarrollo de la industria, la cual en esos años se encontraba enfocada a la producción de textiles, alimentos procesados y materiales para la construcción. La atención que recibió la industria, propició que el campo mexicano dejara de percibir los apoyos presupuestales que había recibido en la primera mitad del siglo XX.

En 1958, el sector agrícola creció a un sorprendente 7.6%, una tasa de crecimiento que reflejaba inversión previa por parte del sector público y un uso más extendido de la tierra que resultó de la reforma agraria de la segunda mitad de 1930. Sin embargo, para finales de 1950 la tasa de producción agrícola comenzó a disminuir debido a que la inversión en este sector se redujo. (Lomelí, 1998 : 38)

Esta situación del gobierno federal propició que los campesinos emigraran a los centros urbanos, generándose una elevación en el número de subempleados así como de desempleados. Cabe señalar que "entre 1965 y 1970 el sector industrial remplazó al agrícola para convertirse en el principal receptor de fondos estatales, recibía el 40% de la inversión pública" (Lomelí, 1998: 39) En este periodo México comenzó a recurrir a los créditos externos para financiar los proyectos estatales, en 1960 se tomó la decisión de liquidar la deuda exterior antigua de 452 millones de pesos, lo cual generó confianza en los mercados internacionales de capitales. Sin embargo, el país experimentaba estabilidad política pues sus relaciones con los distintos sectores sociales estaban en su mejor momento. En el caso de los sindicatos el gobierno pudo mantenerlos en calma gracias a los pactos entablados con los líderes: aumento en los salarios, estabilidad laboral, servicios sociales, etc., a cambio la clase trabajadora manifestaba su lealtad al gobierno y al PRI. Entre los múltiples beneficios que obtuvieron los trabajadores estuvo el Instituto Mexicano del Seguro Social construido durante el periodo de Ávila Camacho, además del reparto de utilidades. Otro beneficio que tuvieron los trabajadores fue la Ley Federal del Trabajo promulgada en mayo de 1940.

Durante la etapa del desarrollo estabilizador (1958-1970) el marco jurídico-institucional de la economía era el siguiente:

1) el control del gasto público a través de una política de gasto que diera prioridad a la inversión en infraestructura, pero sin incurrir en gastos deficitarios; 2) una política tributaria regresiva y claramente insuficiente en términos relativos para sostener en el largo plazo el esfuerzo que en materia de infraestructura y suministro de bienes y servicios públicos pretendía realizar el Estado; 3) política monetaria restrictiva, congruente con el objetivo de mantener la estabilidad de precios, sobre todo después de las presiones inflacionarias que la economía había registrado en los gobiernos de Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán; 4) política crediticia que canalizaba el crédito externo a la industria – a través de Nacional Financiera- racionalizaba la asignación del crédito interno y fijaba porcentajes mínimos de financiamiento a los sectores prioritarios de la banca privada; 5) política cambiaria que privilegiaba el mantenimiento de la paridad fija entre el peso y el dólar; 6) mexicanización de industrias clave (electricidad) y preeminencia de la inversión nacional sobre la extranjera en sectores estratégicos; 7) estrategia de desarrollo centrada en la industrialización, lo que implicaba subordinar los objetivos y prioridades de los demás sectores a las necesidades de la industria. (Izquierdo: 2004 Pássim)

La política de precios fue hasta cierto punto un obstáculo con el que lidió la economía mexicana al no poder incrementar el precio de los servicios, los cuales requerían de mayor inversión para un mejor funcionamiento, además necesitaban mantener controlados los gastos de operación sin sacrificar el salario y las prestaciones de los trabajadores. Por ello la única solución, en vista de la restricción, fue la petición de créditos. El endeudamiento externo era visto por el gobierno como un mal necesario sin el cual el desarrollo del país no hubiese sido posible.

Desarrollo compartido



Entre las propuestas del presidente Luis Echeverría encontramos el proyecto denominado desarrollo compartido, con el que pretende mantener el crecimiento económico, la estabilidad de precios y el tipo de cambio, pero con la novedad de lograr una mejor distribución del ingreso, además de reducir el proteccionismo económico.

Para lograr la distribución del ingreso, el gobierno invirtió una mayor cantidad de dinero en el gasto público con el fin de beneficiar específicamente a la clase media y baja, proporcionándoles servicios de educación, vivienda y salud.

No es cierto que exista un dilema inevitable entre la expansión económica y la distribución del ingreso. Quienes pregonan que primero debemos crecer para luego repartir, se equivocan o mienten por interés [...] Si consideramos sólo cifras globales, podríamos pensar que hemos vencido el subdesarrollo. Pero si contemplamos la realidad circundante tendremos motivo para hondas preocupaciones. Un elevado porcentaje de la población carece de vivienda, agua potable, alimentación y servicios médicos suficientes. (Tello, 1979: 41)

El interés por atender a la clase trabajadora radicó en que los disturbios de 1968 y 1971 eran muy recientes y se temía que la población, ante la desigualdad social, se organizara como lo comenzaban a hacer en otros países latinoamericanos. Por otra parte el campo que había estado descuidado a favor de la industrialización fue objeto de una Ley de Reforma Agraria, publicada el 27 de febrero de 1971, en la que se establecía, entre otras cosas, la repartición de la tierra hasta que no hubiese más que repartir.

En la cuestión de la educación se creó el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) el día 29 de diciembre de 1970, para fomentar investigaciones necesarias para el avance del país. El consejo también fungiría como asesor del gobierno federal en "la planeación, coordinación, orientación, sistematización y encauzamiento de las actividades vinculadas con la ciencia y la tecnología". (Lomelí, 1998: 83)

En el área de la salud el presidente Echeverría mandó al Congreso una iniciativa que fue aprobada como la Ley del Seguro Social el 22 de febrero de 1973, en la que se establecía la necesidad de ampliar el número de beneficiados del IMSS, al que solamente tenían acceso los trabajadores y sus descendientes. Para la ampliación de beneficiados la iniciativa indicaba "la creación de dos nuevas figuras: la incorporación voluntaria al régimen obligatorio y los llamados servicios de solidaridad social". (Lomelí,1998:91) En la primera figura quedarían contenidas las personas que se inscribieran en el Instituto, de esta manera quedaban protegidas las personas dedicadas al servicio doméstico, al negocio familiar, ejidatarios, profesionistas independientes, entre otros. Por otro lado los servicios de solidaridad social serían utilizados por los grupos vulnerables que recibirían la atención médica sin necesidad de hacer pago alguno, pues el costo de la atención sería absorbido por la Federación.

Para atender la escasez de vivienda se creó el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT) el día 24 de abril de 1970, organismo que administraría las aportaciones obrero-patronales, con las que se construirían viviendas para los trabajadores y de esta manera cumplir con lo establecido en el artículo 123 fracción XII:

Toda empresa agrícola, industrial, minera o de cualquier otra clase de trabajo, estará obligada, según lo determinen las leyes reglamentarias a proporcionar a los trabajadores habitaciones cómodas e higiénicas, por las que deberán cobrar rentas que no excedan del medio por ciento mensual del valor catastral de las fincas [...] (Carranza,1994: 348)

Con la promulgación de la Ley del Infonavit los trabajadores tuvieron a su alcance el poder de adquirir una vivienda digna, misma que podían pagar mediante aportaciones mínimas descontadas de su salario.

Cabe señalar que la emisión de leyes en beneficio social se diò principalmente en la primera parte del gobierno de Luis Echeverría, es decir, de 1970 a 1973 cuando los empresarios aún mantenían una actitud tolerante hacia su gobierno, pues las diferencias entre los empresarios y el Ejecutivo Federal estuvieron presentes desde el principio.

La inconformidad de los empresarios radicó en el cambio que sufrió la política económica mexicana que a diferencia del periodo anterior, no los tomaba en cuenta para su elaboración. Por ello el sector empresarial se agrupó en el Consejo Coordinador Empresarial, en mayo de 1975, en cuyos estatutos se señalaba que la actividad económica debe estar en manos de particulares y no del Estado; que el control de precios ha llevado al estancamiento de la economía; y finalmente que en la cuestión educativa es conveniente que también intervenga la iniciativa privada. Lo anterior fue sin duda la expresión de inconformidad respecto a la política seguida por el Ejecutivo, quien tomó los señalamientos como un desafío a su autoridad.

Sin embargo el presidente no cambió rápidamente su postura pues demostrando su poder creó el Fondo Nacional para el Consumo de los Trabajadores (FONACOT) y autorizó un aumento salarial considerable, situación que agudizaría las tensiones con el sector empresarial.

La tabla siguiente nos muestra como se incrementan los salarios en un sexenio a más de un 100 %, lo que nos indica los inicios de una crisis.


(INEGI).

Cuando el modelo de sustitución de importaciones estaba agotado, los presidentes de México y sus equipos de economistas no tuvieron la visión para cambiar el rumbo de la economía del país. Por un lado siguieron con la euforia del crecimiento sostenido y por otra parte recibieron y aceptaron las presiones de los organismos internacionales para guiar la economía nacional, esto sin importarles la forma como se logrará y las consecuencias futuras para todos los mexicanos, (mediante la deuda pùblica) lo que propiciò un rápido estancamiento en el Producto Interno Bruto, es de resaltar que lo que pudo ser una crisis pasajera en los setentas se convirtió en permanente después de los ochentas.

Si la historia de México en los últimos 50 o 60 años fuera dividida en períodos, uno de ellos sin duda sería el del Desarrollo Estabilizador. Un tiempo que ha recibido varios nombres, como El Milagro Mexicano, Proteccionismo, Sustitución de Importaciones y quizá otros más que hacen referencia a los años que van de los 50 al inicio de los 70, terminando con el gobierno de Díaz Ordaz y habiendo empezado con Miguel Alemán al final de los 40... aunque muchos podrían pensar que realmente comenzó a mitad de los 50.


Sea lo que sea, esos tiempos suelen ser recordados con cierta nostalgia, la que produce el recuerdo una época sin crisis económicas económicas recurrentes, con baja inflación, estabilidad política y crecimiento económico; lo contrario de épocas siguientes caracterizadas por exactamente lo opuesto. Del ‘58 al ‘72, por ejemplo, el PIB crece en promedio 6%, una cifra muy notable y el PIB per cápita, 3%, otra cifra muy positiva.

Bajo la perspectiva de esas cifras, no extraña que esos tiempos sean aún vistos con añoranza por quienes los vivieron, aunque debe señalarse que existía al menos un serio problema, el de la falta de ahorro nacional. Es decir, localmente en el país no había suficiente capital como para crecer sostenidamente: las actividades de producción requieren capital, por ejemplo, préstamos para crecer y dentro del país no se generaba ese capital. Lo mismo para las personas que, por ejemplo, querían comprar casas por medio de hipotecas... la escasez de ahorro impedía que hubiera suficiente dinero para prestarles.

Pero del lado positivo, durante estos años del Milagro Mexicano, las autoridades tuvieron un comportamiento conservador en el manejo de sus finanzas, es decir, sus déficits eran pequeños, e incluso hubo años con superávit. El gobierno, por tanto, no gastaba más de lo que tenía de ingresos que fue lo opuesto de lo que posteriormente se hizo. El gobierno en estos tiempos no recurría al mercado de capitales a pedir préstamos y eso, sin duda, ayudó a tener tasas de interés razonablemente bajas.

La esencia del pensamiento económico de esos tiempos en México era el Proteccionismo, una escuela de pensamiento económico con ideas que significaban la protección de las industrias locales: había que industrializar al país y para ello, se creía, debía aislarse a sus compañías de la competencia de empresas extranjeras, un serio error, pero que se implantó.

La forma de hacer esto es cerrar las fronteras a productos importados dejando que únicamente las empresas mexicanas los produjeran. Por ejemplo, prohibir la importación de automóviles y fabricarlos localmente. Esta política económica general nació en 1947 aunque tuvo efectos iniciales hasta la década de los 50. La consecuencia de esto se ve percibe positiva en el plazo corto, pero en su fondo conduce a la existencia de productos caros y de mala calidad, que dañan el bienestar de las personas.

En La Notas Ignoradas de Mises existe una otra evaluación de la política económica de estos tiempos.


Las cosas en esos años no iban mal en la superficie. Sí hubo algunas fluctuaciones, pero el desempeño general de la economía no era malo. La productividad subía 3% en promedio y los salarios reales 2%. La inflación era baja. El gobierno, debe insistirse, se comportaba conservadoramente en el manejo de sus finanzas, sin contraer deudas cuantiosas y financiándose con sus propios recursos.

La aplicación de la idea proteccionista parecía estar funcionando muy bien en medio de una estabilidad económica notable. En los mercados nacionales había productos fabricados en México: las empresas en México tenían mercados cautivos nacionales pues las importaciones estaban prohibidas o tenían impuestos muy altos de importación. Esas empresas no tenían incentivos para mejorar la calidad de sus productos, ni reducir sus precios. No tenían la presión de la competencia para hacerlo.

Si, por ejemplo, los consumidores querían comprar cigarros, los disponibles eran todos producidos en México... pero había oportunidad de comprar cigarros importados en el mercado negro de contrabando. Éste fue uno de los efectos secundarios de la política proteccionista, el abrir una oportunidad de negocio para los contrabandistas.

La amplia frontera con los EEUU hizo posible introducir al país todo tipo de artículos que se ofrecían en mercados ilegales. En algún momento se llegó a afirmar que la marca de televisores más popular en México era Sony, un producto que estaba prohibido importar para dar preferencia a los fabricantes nacionales, pero que llegaba por medio del contrabando.

Como de esa consecuencia no intencional del proteccionismo que fomentó el contrabando, también se acusa al Desarrollo Estabilizador de producir otro efecto dañino: el olvido del campo. Toda la atención de las autoridades estuvo centrada en la industrialización de país con la actividad del campo relegada a un lugar muy secundario, tanto que se ha dicho que de esta época data la creación de los “dos Méxicos”, el del campo y el de la ciudad.

Mientras el campo era puesto de lado, la actividad bancaria, por ejemplo, creció en esos años tres veces.

Es posible decir, por tanto, que la política económica del Milagro Mexicano tuvo resultados mixtos y la imagen que tiene en la actualidad de ser una época de oro no está justificada. Tuvo logros, pero también defectos y no era algo que pudiera sostenerse indefinidamente.

Sin duda ayudó a industrializar al país, elevó ingresos y mejoró el bienestar en general. Pero también tuvo efectos negativos como los mencionados. Más aún, tenía un problema de fondo que era el límite del mercado nacional, pues las empresas al no exportar no producían más de lo que los mexicanos podían comprar. El mercado mexicano, sin embargo, crecía gracias al aumento de la demanda nacional.

Como se dijo, estos años son vistos ahora con cierta añoranza pues la inflación que después se sufrió no era en estos tiempos un problema. Entre 1957 y 1962, ella fue de menos del 3% anual, una cifra muy positiva sobre todo en relación con lo que después vendría. Esto es fácil de ver pues los aumentos de los precios son muy notorios; sin embargo, en economía hay cosas más difíciles de notar y muy importantes.

Por ejemplo, ya que en esos tiempos las empresas no exportaban eso provocó que en el país no se tuvieran divisas extranjeras y sin ellas no podían comprarse productos que eran necesarios para que la economía siguiera creciendo. Un jabón de tocador o un detergente de ropa eran producidos en el país sin grandes complicaciones, pero no la máquina que los hace, la que tenía que importarse y no había divisas suficientes para comprarla.

Estas políticas económicas eran del tipo mercantilista. Son políticas equivocadas que aún hoy en día sobreviven y son propuestas como novedosas y benéficas.

Éste era un serio problema de la política económica de esos tiempos, producto de la interferencia estatal en la economía. Sin exportar y concentrados en el mercado mexicano nada más, era imposible tener dólares u otra moneda extranjera para comprar en otros países productos necesarios para seguir creciendo. Con maquinaria no renovada y sin competencia, las empresas mexicanas no tenían incentivos para mejorar sus productos ni bajar sus precios. Consecuentemente, los productos mexicanos eran en general caros y de mala calidad, con los automóviles como un ejemplo muy claro de esto en la década de los 70.


Viendo las cosas en perspectiva, ahora podemos darnos cuenta de que a pesar de haber dado algunos resultados buenos, la política económica del Proteccionismo Mexicano no podía durar mucho aplicándose. Hay consenso en el sentido de que al inicio de los años 60 empezaron a ser notados problemas: la economía ya no va tan bien como antes y da inicio el uso de déficits y contratación de deuda, lo que logra un crecimiento del 7% en la economía.

Este es el inicio de otra idea que tendría mucha popularidad posterior: un intervencionismo gubernamental de mayor intensidad para corregir los problemas causados y que mandaba elevar el gasto público para reanimar a la economía, produciendo déficit en el presupuesto del gobierno: lo que ahora reconocemos como la etapa populista de México. La elevación del gasto de gobierno como un instrumento de reanimación económica conduce a una primera etapa de boom, pero a una segunda de depresión y crisis.

Con la mentalidad del proteccionismo que privilegia a la industria se tuvo un desarrollo nacional desigual: las grandes ciudades gozan de prosperidad creciente, pero no las zonas rurales y ciudades más pequeñas. Esto ocasiona otro efecto colateral indeseable, la emigración de personas, de las áreas marginadas a las áreas de mayor crecimiento; buscando mejorar su vida, muchas personas se mudan a las ciudades mayores, especialmente al DF que se torna una ciudad enorme que crece constantemente.

Éste es el fenómeno de los “dos Méxicos” mencionado antes. Uno urbano e industrializado y el otro rural y atrasado. Y también es el fenómeno de la centralización urbana, con la capital mexicana volviéndose una ciudad de dimensiones gigantescas. Ahora se reconoce que de hacer tenido una política de libre comercio, el desarrollo económico mexicano hubiera sido mucho menos distorsionado y las regiones geográficas habrían tenido un desarrollo más equilibrado.

Detrás del proteccionismo es palpable una buena dosis de nacionalismo y de preferencia por lo mexicano por encima de lo extranjero. Por ejemplo, el 1960 fue nacionalizada la industria eléctrica y pasó a ser propiedad estatal durante la presidencia de Adolfo López Mateos; antes había sido presidente Adolfo Ruiz Cortines.

Este nacionalismo tomó la forma de retirar la “dependencia del exterior”, es decir, se tenía la idea de hacer de México un país aislado del resto del mundo, que no dependiera de nadie, especialmente en cuestiones de alimentación. Ésta es una de las posibles definiciones de soberanía que en México fue entendida así, como aislamiento del exterior y autosuficiencia total, metas ambas imposibles y que de intentarse, producen pobreza.

Ésa mentalidad aislacionista es lo contrario de la mentalidad del comercio internacional y llevó al cultivo obligado de maíz, frijol y otros alimentos estándares en México, con la idea de ser autosuficientes en esos rubros. De hecho, fue desde poco antes de los 50 cuando se dio del descuido de las actividades del campo y se puso atención en la industria.

Con la visión de ser autosuficientes en el campo, además, las autoridades fomentaron cultivos que eran parte básica de la alimentación popular, como el maíz, y descuidaron la posibilidad de otros cultivos que hubieran producido mayores ingresos al campesinado, e incluso divisas al país. Aún en la actualidad se tiene esta idea de nacionalismo, por ejemplo, con la propiedad estatal de Pemex.

Llevando a su consecuencia lógica la política del proteccionismo y la del nacionalismo aislacionista, sin embargo, se presentaba un problema sin solución.

La sustitución de importaciones que hacía que la existencia de fabricante nacional causara la prohibición de productos importados quiso llevarse a bienes intermedios, es decir, a máquinas y herramientas de todo tipo que produjeran los bienes de consumo. Por ejemplo, para un fabricante de cerveza es posible producirla, pero no lo es tanto la fabricación de una máquina embotelladora, ni de las máquinas que hacen esa máquina embotelladora.

Es, por ejemplo, sencillo, fabricar cigarros si se cuenta con las maquinas que lo hacen... pero esas máquinas no se fabrican en México y hay que comprarlas en el exterior. Si se deseara fabricar localmente esas máquinas, su fábrica no podría vivir de las ventas originadas en México solamente, tendría que exportar para poder tener un volumen de ventas que justificara la inversión. Y la cadena sigue. Es posible imaginarse la fabricación también de las máquinas que hacen las máquinas que hacen los cigarros, o cualquier otro producto.


Las acciones de la política proteccionista requerían estimular a las empresas para sustituir importaciones y para ello se les podían otorgar subsidios o tratamientos fiscales preferentes. Estas acciones, desde luego, produjeron gastos adicionales del gobierno, que tuvo que iniciar una tendencia de endeudamiento creciente (muy clara en la etapa del populismo).

Por ejemplo, si los plásticos de las tarjetas de crédito eran importados, un fabricante mexicano que las hiciera podía solicitar la suspensión de las importaciones y los bancos estarían obligados a comprarle a él sin garantías de calidad ni de precio. Las empresas se acostumbraron a recibir ayudas gubernamentales, una idea que aún prevalece en las peticiones de tasas preferentes de interés o de tratamientos fiscales distintos, lo que distorsiona toda la economía.

Quienes estudian el período en cuestión, no dudan que la sustitución de importaciones tuvo éxito al generar crecimientos notables de ingresos reales en la población en general, especialmente durante su primer decenio. Pero también existe consenso de opiniones al decir que se produjo una estructura económica oligopólica, es decir, con unas pocas fábricas de cada tipo de producto; igualmente, las empresas no tuvieron estímulos para cuidar la calidad de sus productos, ni para reducir sus precios, como ya se ha dicho.

Los productos mexicanos de esa época no eran de buena calidad ni de precios bajos. Exportarlos era imposible.

La prohibición de importaciones produjo un número pequeño de empresas que poseían un mercado cautivo, sin competencia, que podían mantener sin necesidad de tener productos de calidad ni de precios bajos, lo que lastimaba a los consumidores en todo el país. Las empresas bajo este esquema proteccionista no tenían competitividad internacional: sus productos no podían competir con la calidad/precios de los productos de otros países. Su crecimiento dependía del tamaño del mercado interno nacional; si querían crecer más hubieran tenido que ir a mercados extranjeros en los que tendrían que competir con productos de mejor calidad y menor precio.

Entre las medidas proteccionistas se dieron situaciones extrañas, por ejemplo, la protección de empresas de propiedad extranjera dentro de México frente a otras empresas extranjeras que no estaban radicadas en el país. Por su parte el sector del campo, que fue descuidado durante esta etapa, ayudó a la industrialización del país de diversas maneras, por ejemplo, con los emigrados del campo que fueron mano de obra de bajo costo para la industria, aunque de escasa preparación y que por esa razón recibían ingresos bajos.

Las inversiones privadas en el campo, además, fueron nulas debido a la inseguridad en la propiedad de terrenos, los que cada vez eran más pequeños e ineficientes para producir. La Reforma Agraria sencillamente no funcionó como generador de ingresos para su población.

Las divisas que antes producía el campo, es lógico, se redujeron. En fin, el campo disminuyó notablemente en importancia y la promoción industrial produjo una sensible brecha entre ambos sectores, lo que sin duda es una causa importante de la existencia de los "dos Méxicos". La realidad, por tanto, muestra que el escaso desarrollo agrícola y ganadero data de esta época y se debió a la aplicación de políticas económicas proteccionistas, no a la apertura comercial que vino mucho después.


Los primeros diez años de este período fueron los mejores. La segunda década, especialmente hacia el final, como se dijo, registró una elevación de la deuda pública y del gasto de gobierno. Las autoridades querían mantener animada a la economía mexicana y quisieron hacerlo con un gasto público mayor... algo que suele conocerse como Keynesianismo y que en esencia es el cree que la economía de los países se reanima elevando el gasto del gobierno —cuanto más grande es el gasto, más se recupera la economía.

El Milagro Mexicano fue un tiempo de resultados mixtos, con una serie de ideas que dieron resultados pero que no podían sostenerse indefinidamente y que produjeron efectos no intencionales de consideración. Esto recuerda uno de los principios económicos más importantes, que es la necesidad de estudiar los efectos posteriores de las políticas aplicadas, porque puede suceder que lo que da resultados buenos de inmediato tiene consecuencias siguientes muy malas.

Finalmente, es importante notar que durante estos tiempos, México gozó de gran estabilidad política y que fue hasta la presidencia de Díaz Ordaz y los sucesos de Tlatelolco que inició el cuestionamiento del gobierno mexicano como una entidad autoritaria. Es decir, los años del Milagro Mexicano estuvieron caracterizados por un gobierno no democrático, con el PRI como partido de estado, lo que debe reconocerse produjo lo que muchos llaman “paz social.” México no sufrió de dictaduras abiertas, ni de golpes de estado como en otros países de América Latina.

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Es vital señalar que en la actualidad, no es escaso el número de personas que miran con nostalgia los tiempos del Milagro Mexicano y proponen regresar a él, cerrando fronteras, elevando el gasto de gobierno y proponiendo privilegios a sectores. Piensan así porque tienen una opinión diistorsionada de esa época y sólo ponen atención en lo bueno que tuvo, pero no en los terribles defectos y consecuencias que el país sufrió por su causa.

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